miércoles, 28 de junio de 2017

La historia de la (no) crisis en 3 gráficos*



Los problemas en la economía ecuatoriana no han sido superados, solo aplazados por una serie de medidas que han ocultado la existencia de varios desequilibrios macroeconómicos. El presente artículo separa y analiza en tres etapas la situación de la economía ecuatoriana desde el último trimestre de 2014, cuando el precio del petróleo empezó a caer.

I) Septiembre 2014 - Mayo 2015: Medidas sin ajuste
 
La caída en el precio del petróleo y la apreciación del dólar, que afectó a la competitividad de los productos nacionales, marcaron el inicio de esta etapa. La balanza comercial se deterioró significativamente (Gráfico 1). El Gobierno, preocupado por los posibles efectos sobre la balanza de pagos, aplicó medidas para restringir las importaciones y evitar la salida de dólares. En marzo de 2015 se anunció la entrada en vigencia de las salvaguardias que afectaron a cerca de 2900 productos, con sobretasas entre 5% y 45%, y que debían durar un año.

Gráfico 1: Evolución de la balanza comercial mensual (millones de $)


Fuente: BCE

      El gasto fiscal, mientras tanto, no se ajustó a la nueva realidad. En el Presupuesto General del Estado, el gasto de inversión, que está financiado por los ingresos petroleros y por deuda, cayó apenas 4,5%, entre enero y mayo de 2015 frente al mismo periodo de 2014. El gasto corriente, por su parte, creció en 9,5% durante el mismo periodo[1]. Durante esos meses se emitieron bonos en dos ocasiones –marzo y mayo– por un monto total de $1.500 millones, que se sumaron a la emisión de junio de 2014 ($2.000 millones). El riesgo país, a pesar de que la situación externa se deterioró para el Ecuador, no mostró un incremento drástico, lo que permitió que el Gobierno obtenga financiamiento en los mercados internacionales. De hecho, el riesgo país recién empezó a escalar sistemáticamente en junio de 2015, hasta alcanzar su punto más alto en enero y febrero de 2016 (Gráfico 2). Sin embargo, las colocaciones de bonos de 2015 fueron costosas y de corto plazo, con tasas superiores al 9%.

      II) Junio 2015 - Junio 2016: La recesión

La falta de acciones de fondo en el periodo anterior coincidió con el nivel de precios del petróleo más bajo en más de 12 años. El precio del crudo ecuatoriano tocó fondo en enero de 2016 y se ubicó en $22 por barril, y el tipo de cambio real se mantuvo sobrevaluado. Los efectos en el crecimiento empezaron a ser evidentes. En el tercer trimestre de 2015 el PIB registró la primera caída interanual desde 2009 (-0,8%) y la tendencia se mantendría hasta alcanzar decrecimientos de -4% y -2,1% en el primer y segundo trimestre de 2016, respectivamente. La balanza comercial, por su parte, empezó a registrar superávits desde marzo, los primeros desde mayo de 2015. Las restricciones a las importaciones influyeron, pero la contracción de la actividad fue también un elemento determinante. Durante este lapso el país, además, sufrió el impacto del terremoto en abril de 2016. Esto llevó al Gobierno a prolongar las salvaguardias por un año más y a aprobar una reforma tributaria para levantar recursos adicionales. 

Gráfico 2: Evolución del riesgo país y del crédito del Banco Central al Gobierno

 
Fuente: BCE y Banco de la Reserva de Perú

En esta etapa, las opciones externas de financiamiento se redujeron, debido a que el riesgo país se ubicó por varios meses consecutivos por encima de los 1.000 puntos, el segundo índice más alto de la región, sólo por debajo del de Venezuela. La emisión de bonos, por lo tanto, no fue una opción y el crédito del BCE se convirtió en la fuente de financiamiento preferida del Gobierno. Entre junio de 2015 e igual mes de 2016, este crédito aumentó en $2.240 millones (Gráfico 2). Obligado por las circunstancias, el Gobierno recortó los gastos de capital del PGE en alrededor de 52%, entre enero y junio de 2016 frente al mismo periodo de 2015. Sin embargo, no existió un ajuste de fondo, ya que el gasto corriente aumentó en 3,6%, en el mismo lapso. 

III) Julio 2016 – Abril 2017: Espejismo de una recuperación
 
La tercera etapa estuvo marcada por una leve mejora en las condiciones internacionales. El tipo de cambio real mostró una leve depreciación, beneficiando a la competitividad de los productos nacionales. La balanza comercial fue superavitaria durante casi todo el periodo. De igual forma, el precio del petróleo se recuperó y empezó a escalar hasta superar los $40 por barril a finales de 2016. Esto permitió, además, que el riesgo país cayera por debajo de los 700 puntos, la mitad de lo alcanzado en los primeros meses de 2016. Los mercados internacionales se volvieron nuevamente una opción. Ecuador, en apenas siete meses, acudió a los mercados en 4 ocasiones –julio, septiembre, diciembre en 2016 y enero de 2017– y colocó bonos por un monto de $3.750 millones. Las condiciones, sin embargo, no cambiaron significativamente con respecto a emisiones pasadas. Adicionalmente, el crédito con el BCE mantuvo su tendencia ascendente y el Gobierno consiguió de esa fuente $3.000 millones, entre julio de 2016 y abril de 2017. Es decir, por concepto de desembolsos, internos (principalmente BCE) y externos (incluyendo preventas petroleras) sin contar los préstamos recibidos de organismos multilaterales por el terremoto de abril, se recibió una cifra de $7.700 millones durante esta etapa, cercana al 8% del PIB. 

Gráfico 3: Desembolsos netos (variación anual en millones de $) y Depósitos en Bancos Privados (variación anual en porcentajes)* 


*Los desembolsos netos incluyen deuda externa neta, créditos del BCE y venta anticipada neta de petróleo
Fuente: BCE

La inyección a la economía de los recursos obtenidos de nueva deuda generó repuntes en algunos indicadores. Los depósitos, por ejemplo, que registraron caídas interanuales entre junio de 2015 y mayo de 2016, empezaron nuevamente a crecer (Gráfico 3). Asimismo, se pagaron varios de los atrasos que tenía el Gobierno con proveedores, aunque estos pagos fueron, en parte, con Títulos del Banco Central (TBC), lo que disminuye a futuro los ingresos que podría obtener el Gobierno por concepto de recaudación. En el sector petrolero, por su parte, la deuda que bordea los $2.000 millones, de acuerdo a declaraciones oficiales, todavía no está cancelada. Los gastos del Presupuesto mantuvieron su tendencia ascendente, sobre todo los gastos corrientes, en medio de un proceso electoral en el que los esfuerzos se concentraron en posicionar el discurso de recuperación económica. Las autoridades económicas, en un prospecto de emisión de bonos, reconocieron que sus necesidades de financiamiento bordearían los $12.500 millones en 2017. El gasto corriente en los primeros cuatro meses del año creció 7,3%, con respecto al mismo periodo de 2016; y el gasto de capital volvió a ubicarse en niveles similares a los registrados en 2015. Es decir, el flujo de deuda sirvió para amortiguar la situación, posicionar el discurso de recuperación y postergar los ajustes de fondo.

IV) Mayo 2017- ¿?

Las tres etapas anteriores se caracterizaron por una política económica con poco margen de maniobra, no solo por la falta de previsión en la época de auge, sino también por la ausencia de un diagnóstico adecuado de la situación. Por lo que el inicio de una nueva etapa a finales de mayo, con la colocación de bonos por $2.000 millones y una promesa de austeridad en el manejo de los recursos fiscales requiere reconocer la situación real de la economía y anunciar acciones concretas. La forma como el Ministerio de Finanzas “pagó” una parte de su deuda con el BCE (entregándole acciones de instituciones financieras públicas) no envía una buena señal ni reduce la incertidumbre que ha rodeado al manejo de las cifras por parte de varias instituciones públicas. El ajuste al gasto fiscal debe ser gradual y para realizarlo se necesitan recursos, por lo que la deuda adquirida debería servir para ese propósito, de lo contrario en esta etapa se puede estar gestando un periodo en el que los ajustes lleguen de manera abrupta y desordenada, con los consecuentes impactos económicos y sociales.

*Artículo originalmente publicado en Carta Económica, junio 2017, CORDES.


[1] Cifras del Observatorio de la Política Fiscal.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Los cyber-académicos en la economía ecuatoriana



Debo reconocer que no he investigado cómo se comportaba la academia en los años 60, 70, 80 o 90 en Ecuador, en temas económicos. Me refiero, específicamente, al rol que jugaba en las discusiones públicas. Sin embargo, sí puedo encontrar varios libros de la época en los que se realizaba investigación que se mantiene vigente hasta ahora. Verdaderas contribuciones, que reflejan un compromiso con la investigación en términos de calidad y cantidad. Un referente, por los temas que he estudiado, ha sido el Banco Central. De hecho, su investigación fue evolucionando hasta que, en la década de los 90, se consolidó la serie de documentos de trabajo con un nivel muy alto en la calidad de sus publicaciones. Varios de sus investigadores se prepararon en buenas universidades del exterior y plasmaron sus conocimientos en sus trabajos. Y, además, fue un semillero importante de futuros investigadores que, en base a los conocimientos y preguntas que tal vez surgieron en sus trabajos allí, pudieron estudiar en las mejores universidades.  Lamentablemente en la actualidad ese ya no es el caso. 

Hoy en día uno esperaría que la calidad y cantidad en la investigación supere a lo observado en años anteriores. Sin embargo, la realidad muestra que varios de los mejores economistas del país se encuentran trabajando en el exterior. Cada uno tendrá sus motivos, personales incluso, pero asumo que entre sus razones seguramente destacará la falta de apoyo que existe en el país para realizar investigación. La falta de recursos económicos, por ejemplo, es, probablemente, una de las barreras más importantes. Con el auge de los recursos electrónicos, entre los que destacan las redes sociales, uno tiene acceso instantáneo a blogs, cursos, discusiones, entre otros; que permiten, de alguna forma, estar actualizado con algunos de los temas relevantes en la academia afuera y sobreponerse a las limitaciones que enfrentaban los académicos en décadas pasadas. Sin embargo, estas mismas herramientas han permitido también el ascenso de los “cyber-académicos”, que buscan estar a la vanguardia en redes sociales, sin que necesariamente eso refleje su campo de conocimiento o áreas de investigación. En sí, esto no es problema. Los inconvenientes surgen cuando, usando sus credenciales de profesor, académico o investigador, tratan de imponer sus ideas como verdades absolutas, sobre todo cuando éstas pueden repercutir en la sociedad, no por su contribución per sé, sino más bien por la popularidad de sus interlocutores.

Por un lado, muchos de estos cyber-académicos, con arrogancia y prepotencia, utilizan las redes sociales como el fin último, sin entender que son únicamente herramientas. Esto se aplica para individuos de derecha e izquierda por igual. Insisto, no está mal tener una posición ideológica y defenderla, el problema es que eso se vuelva prioridad. Es decir, dejar de lado la objetividad para defender lo que uno cree como la posición correcta. La primera prioridad como académico, creo yo, es buscar respuestas –no verdades-, aunque éstas no necesariamente respalden nuestras ideas o incluso contradigan nuestras creencias. Ahí está la riqueza de visiones. Sé que es difícil ser totalmente objetivo, pero la rigurosidad del método, cuantitativo o cualitativo, debería permitirnos, de alguna forma, aislar justamente el sesgo natural que podríamos tener hacía algún resultado. El tema de la ideología debería ser parte de un segundo plano, si es que se busca llevar a cabo un trabajo serio.

Por otro lado, está la influencia que tienen estos cyber-académicos en la sociedad. Como en el país priman los temas de corto plazo, y ante la comprensible falta de participación de los académicos, que tienen agendas de más largo plazo, estos individuos encuentran un nicho para explotar. Los temas que ellos discuten, entonces, llenan todos los espacios y los grandes protagonistas son justamente estos cyber-académicos. La falta de una mejor preparación de varios sectores, además, permite que su visión sobre algún tema sea el referente que guíe la discusión pública. De esta manera, el debate no eleva su nivel y la lucha se centra, nuevamente, en términos de ideología. De hecho, esto es un terreno cómodo para varios actores de la sociedad, pero no permite que las discusiones y debates pasen, por ejemplo en el campo económico y político, del simple: mi modelo es mejor que el tuyo. Cuánto hay que leer a veces para poder escribir una página y estos individuos esperan imponer verdades en 140 caracteres. Si ya todo está dicho, para qué seguir investigando, para qué seguir discutiendo. 

Es verdad que incluso en Estados Unidos la academia, en muchos casos, defiende intereses particulares. De hecho, antes de la crisis financiera internacional, varios autores y los resultados en sus papers estaban influenciados directamente por el lobby financiero. Sin embargo, existe una producción suficiente de trabajos que permite contrastar resultados y posturas. Y creo que hacía allá deberíamos apuntar. No quiero decir que en Ecuador no se hace investigación, por el contrario, existen contribuciones importantes y de calidad, a pesar de las dificultades. Hay incluso esfuerzos dignos de destacar como la reciente fundación de la Sociedad Ecuatoriana de Ciencias Económicas, constituida el año pasado. El problema es que estos trabajos y temas quedan relegados por las discusiones del momento, que se venden mejor, que tienen un mejor marketing.  Aquí se confunde, a mi modo de ver, las apariciones en medios de comunicación con aportes científicos. No está mal opinar sobre un tema si es que la situación lo amerita, pero la búsqueda por aparecer en medios reduce el debate y las ideas de fondo. Nuevamente, pasamos por alto que los medios de comunicación son los vehículos a través de los cuales se transmiten las ideas, no el puerto final de las mismas. Se olvida que uno de los puntos esenciales no es aparecer y opinar, sino tener una investigación que respalde esa opinión sobre algún tema específico. Tener una maestría o un Ph.D. no otorga la facultad de opinar sobre cualquier tema, mucho menos imponer verdades. De hecho, el tener una especialización de ese nivel debería recordarnos de que en ese tema, al menos, sabemos que somos más ignorantes de lo que en verdad creíamos ser. Ojalá podamos entender estos y otros problemas que nos aíslan en nuestro mundo, creyendo que nuestros problemas son únicos y exclusivos. Ojalá podamos desterrar, paulatinamente, también las discusiones infructuosas y elevar el nivel de las mismas. Los cyber-académicos van a seguir ahí, explotando el nicho, pero nos corresponde a todos exigir, incluso de ellos, mayor rigurosidad.   

martes, 2 de mayo de 2017

¿Quién influye en los precios del petróleo?*



Los países exportadores de petróleo esperan que 2017 sea un mejor año para el precio del crudo. En este sentido, el recorte de producción acordado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en noviembre pasado, y que entró en vigencia en enero de este año, es el primer esfuerzo palpable para recuperar los precios. Sin embargo, hasta ahora el recorte se muestra insuficiente para incrementar el precio a un nivel que permita equilibrar las finanzas públicas en varios de los países exportadores. Este artículo discute algunas de las razones por la cuales la posibilidad de un incremento significativo en los precios del petróleo es casi nula.

La relación entre precio y producción

Las variaciones en el precio del petróleo antes respondían, casi en su totalidad, a decisiones tomadas por la OPEP. Cualquier recorte en la producción de los países miembros, liderados por Arabia Saudita, tenía un efecto significativo sobre el precio, especialmente durante la década de los 70. La dinámica cambió en los 80, cuando las decisiones que influyeron positivamente en los precios durante la década anterior, no tuvieron el mismo efecto. Así, por ejemplo, los recortes por parte de Arabia Saudita en la primera mitad de la década, que buscaron sostener los altos precios iniciados por la Revolución Iraní y el comienzo de la Guerra entre Irak e Irán, fueron infructuosos. Esto llevó a Arabia Saudita, dispuesta a recuperar mercado, a incrementar su producción en la segunda mitad de la década, provocando un descenso significativo en los precios (Gráfico 1). Generalmente, los recortes fueron cumplidos únicamente por Arabia Saudita, pero no por los demás países de la OPEP. Durante los 90, a pesar del inicio turbulento que significó la invasión de Irak a Kuwait y la posterior participación de Estados Unidos en la Guerra del Golfo, la situación fue relativamente estable. Y, aunque existió una respuesta positiva de los precios, esta no se sostuvo. Durante los 2000, la situación cambió radicalmente. Los precios empezaron a crecer sistemáticamente desde 2003, pero la producción de la OPEP se mantuvo sin mayores cambios. Es decir, existieron otros factores que estaban detrás del incremento y no tenían que ver con el rol que podía ejercer este cartel.  

Gráfico 1: Producción OPEP vs. Precio petróleo

Fuente: EIA, Energy Review 2016

El mercado actual
El vertiginoso crecimiento de las economías emergentes, especialmente de China, y su alta demanda por commodities es uno de los factores más importantes detrás del aumento en los precios del petróleo que se inició en 2003. (Hamilton 2011; Baumeister & Kilian, 2016)[1]. Los precios del crudo WTI alcanzaron un pico de $140 por barril durante el auge de la crisis financiera internacional en 2008, para luego estabilizarse por encima, en promedio, de los $95 por barril entre 2010 y 2014. Los altos precios tuvieron dos efectos en países productores. Por un lado, los países exportadores tuvieron un influjo sostenido de ingresos extraordinarios por varios años consecutivos[2], algo que ni siquiera se observó en la década de los 70, cuando el precio fue más variable. Por otro, varios países que no necesariamente eran grandes exportadores registraron un aumento en su producción gracias al desarrollo de nuevas tecnologías, como el fracking, que se tornaron viables y rentables gracias a los altos precios. De esta manera, la producción en países que no pertenecen a la OPEP se incrementó significativamente.
El caso más importante de aumento en la producción fue Estados Unidos. Este país, que prohibió las exportaciones de petróleo en 1975 y las volvió a permitir en 2016, incrementó su nivel producción desde 6,1 millones de barriles diarios en 1999, su punto más bajo desde la década de los 70, a cerca de 11 millones diarios en 2015. A partir de 2011, como se observa en el Gráfico 2, la producción petrolera mensual de Estados Unidos mostró una tendencia ascendente. De hecho, entre enero de 2012 y enero de 2015 la producción mensual creció a una tasa promedio anual de 15,8%. Las importaciones de crudo estadounidenses, por su parte, cayeron en promedio 6,2%, durante el mismo periodo. Los precios altos permitieron extraer en campos que no eran rentables por su alto costo de explotación. El aumento en la producción desembocó en una sobreoferta que, junto a otros factores como las bajas tasas de crecimiento en los países desarrollados y la desaceleración en China, afectó negativamente los precios del crudo desde finales de 2014.
A partir de 2015 la producción empezó a desacelerarse e incluso cayó a lo largo de 2016. El precio del petróleo, sin embargo, siguió su descenso y bajó hasta un nivel promedio de $43 por barril el año pasado. Es decir, no existió una recuperación en el precio a pesar de que Estados Unidos incrementó sus importaciones y redujo su producción, y registró el cierre de varios campos que ya no eran rentables con el nuevo nivel de precios (Gráfico 2).

Gráfico 2: Producción de crudo vs Importaciones de crudo en Estados Unidos, 2003-2017

Fuente: EIA

El acuerdo de la OPEP de noviembre pasado, en el que se anunció un recorte conjunto de 1,1 millones de barriles diarios, sí tuvo un impacto en el precio y el barril del crudo referencial WTI pasó de $46 a $53,5, entre los cierres de noviembre y marzo. Este incremento no es suficiente para llegar al umbral de los $60, a partir del cual varios pozos en Estados Unidos vuelven a ser rentables, ni para aliviar de manera significativa las cuentas fiscales de varios países exportadores que, en su mayoría, necesitan precios superiores a los $70 por barril para equilibrar sus presupuestos[3]. Si bien la desaceleración de China también ha presionado a la baja al precio del petróleo (el Gráfico 3 muestra la relación entre ambas variables, con un rezago de un año para el crecimiento chino), el mayor efecto parece estar provocado por el incremento de producción en países que tradicionalmente no se han caracterizado por influir directamente en el nivel de precios, debido a que no son miembros de la OPEP. Esto ha ocasionado una sobreoferta en el mercado. Rusia y Canadá, por ejemplo, que en 2003 producían 7,3 y 3 millones de barriles diarios, respectivamente; alcanzaron un nivel de producción de 10,9 y 4,4 millones de barriles en 2015. En Latinoamérica, Colombia prácticamente duplicó su producción diaria durante el mismo periodo (en Ecuador, mientras tanto, entre 2003 y 2004 la producción pasó de 420.000 barriles a 526.000 barriles diarios por la entrada en funcionamiento del Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), pero en 2015 se extrajeron 543.000 barriles diarios, lo que significó un crecimiento de apenas 3,1%, entre 2004 y 2015). Los países que no son miembros de la OPEP y que representan actualmente el 58% de la producción total mundial (frente al 51% que abarcaban en los 70), por tanto, han incrementado su posición de influencia en el mercado.

Gráfico 3: Crecimiento de China vs. Precio del Petróleo*
     
*Crecimiento 2017, tomado de la proyección del FMI. Precio WTI 2017, tomado de la proyección de EIA.
Fuente: FMI, EIA

El mercado petrolero es bastante volátil y resulta muy complicado predecir su comportamiento futuro. Sin embargo, la reunión de la OPEP a llevarse a cabo el próximo mes no tendría un impacto mayor sobre el precio, a pesar de que se anunciaría una extensión del recorte y también pese a que las conversaciones con Rusia para que mantenga su nivel de producción dentro de los niveles establecidos se mantienen por buen camino. De hecho, el principal objetivo del acuerdo de la OPEP no sería aumentar los precios sino sostenerlos. Todo este panorama evidencia que el rol del cartel en el mercado petrolero ha disminuido sustancialmente y, por tanto, cualquier análisis exige un estudio que incluya más factores que antes no formaban parte del cuadro. En este sentido, eventos recientes como los bombardeos en Siria por parte de Estados Unidos, podrían incidir en un incremento en los precios. No obstante, parece poco probable que éstos se disparen a los niveles vistos en años pasados.

*Nota publicada originalmente en Carta Económica de Abril.


[1] Hamilton, J. (2011). Historical Oil Shocks. NBER Working Paper.
Baumeister, C. & Kilian, L. (2016). Forty Years of Oil Price Fluctuations: Why the Price of Oil May Still Surprise Us. Journal of Economic Perspectives. Vol. 30. Num. 1. pp.139-160
[2] Durante el periodo 2003-2014, los precios del petróleo mantuvieron una tendencia ascendente. Únicamente el 2009, año de la crisis internacional, registró un descenso significativo en el nivel de precios del crudo.
[3] Según la agencia Fitch, el precio de equilibrio para los presupuestos de varios países exportadores de crudo es: Nigeria $139, Angola $82, Arabia Saudita $74, Rusia $72, Emiratos Árabes Unidos $60, Qatar $51, Kuwait $45. Fitch prevé que el precio del crudo en 2017 sería de $52,5, por lo que únicamente Kuwait y Qatar estarían bien posicionados con este nivel de precios.